Tres
Día Lunes.
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Un niño de turno abre la sala de clases que ha quedado cerrada dos días
enteros y un lagarto distraído, algunas hormigas intuyendo migas de pan
olvidadas en los pupitres se han colado por debajo de
-
¡ Señorita, un
gorrión se cagó en mi cabeza! – grita Panchito.
-
Se dice, me ensució
la cabeza – corrige la maestra.
Los niños ríen a carcajadas. Algunos tratan de visar al gorrión que
se pasea por la viga.
-
Copien esta suma
– dice la maestra – mañana es día de interrogación y tienen que saber las
sumas y las restas.
Los grandes se esconden la cara detrás de las manos. Los más pequeños
repiten cuchicheando “dos má dos son...cinco...”, se miran los dedos de las
dos manos, tratan de contarlos, el cuatro les causa un problema de contabilidad
terrible.

Día Martes.
Ya se han recogido los deberes y
-
Deletrea bien,
como se debe – les dice
-
A mí no me gusta
leer, Señorita, yo quiero hacer un volantín – se subleva Panchito.
-
Hoy es día de
labores para las niñas y de lectura para los niños – responde la maestra.
-
Pero yo igual
quiero hacer un volantín – insiste Panchito.
-
Si aprenden a leer
luego, a lo mejor cambie después de día para los trabajos manuales de los niños,
por el momento a ustedes les toca los miércoles – responde con paciencia la
Señorita.

Día Miércoles.
El volantín de Panchito ya está para volar. Lo hizo a medias con el
“jutre”[1], cuyo verdadero nombre es Osvaldo. Pero “jutre”
se escucha mejor porque parece un niño de

-
¿ Sabís[3] plantar una viña? – le pregunta al jutre. El otro
asiente moviendo la cabeza.
-
¿Y sembrar papas
y sacar las malezas y darle el heno al caballo de la Señorita?
El jutre responde siempre con
Darle de comer al caballo es el premio absoluto, no hay otro más honorífico
que éste. Que
Para las niñas el mejor premio es ser seleccionadas para bordar una de las esquinas del mantel destinado al altar del padre José.
