Cinco
El turno en la escuela.
El turno consiste en tocar la campana que indica el fin de la clase, el
inicio del recreo o el fin de
la jornada. De
mañana hay que abrir la sala, barrerla antes de que todos los niños y la
maestra entren por el gran portón. Para el caso, ella confía una enorme llave
a los niños que tendrán sus turnos de servicio durante todo el año escolar.
El calendario que los mantiene al día está clavado en la pared, justo detrás
del asiento de
la Señorita. Todos
se lo saben de memoria. Si algún niño se ausenta, el turno pasa al que le
sigue. El que tiene su turno deberá tomar la llave, que se cuelga al lado del
calendario, cerrar la puerta con llave y llevársela a su casa. Por ningún
motivo deberá faltar al día siguiente, porque si no la clase permanecerá
cerrada, con la maestra y los otros niños en fila en el patio, esperando a que
el olvidadizo se acuerde que la escuela continúa. Pero nadie ha tentado
la suerte. Todos
quieren demostrarle a la Señorita que son capaces y responsables. Todos quisieran pasar a
formar parte de los “sabios”, para poder subir en el tren que les llevará
hasta la capital del departamento y allí se prestarán, con el corazón que se
les escapa por la boca y los oídos zumbando de emoción contenida, a los
flechazos certeros de los Señores de la Academia:
“Raíz cuadrada de 144; ¿En qué año se inició el proceso de
Independencia en Chile, Argentina, Perú y Colombia? Y sitúe estos países en
el mapa; ¿Dónde está el Tupungato? ¿y el lago Titicaca? ; Corrija esta
frase: “Por el rio ba la balsa, un balsero la dirije, otro rrema, rrema y
rrema... Explique las correcciones que lleva a cabo” y etc. Sin contar con la
poesía de cien versos, o más, y la canción para templar la voz, por el caso
en que alguno quisiera hacer como la Señorita, es decir: tomar las riendas de
una yegua Copa, galopar por el sendero tormentoso, en otoño, invierno,
primavera y verano, con vientos, lluvias, polvo y barro. Mostrar cómo se debe
asear el cuerpo y enseñar a bordar, plantar clavos y hasta cocinar, agregando
además y sin ningún lujo exagerado, el saber académico.
Capítulo seis